Año nuevo mismo cuento
Habiamos dejado a Don Francisco en su cocina tras después de que Escolástica se fuese repentinamente, la historia continúa hoy.
Ya me hallaba dispuesto de nuevo para salir cuando Pepe llamó a mi puerta:
- Don Francisco, ¿podría venir ahora hasta mi casa?. Mi radio no funciona. Usted que es instruido quizá pueda echarle una ojeada.
- Pero Pepe si yo no entiendo de aparatos de radio, ¿en qué podría ayudarle?. – Respondí contrariado por el de hecho de que teniendo sólo dos vecinos en todo el pueblo ambos coincidiesen en acudir a importunarme con absurdas propuestas una misma mañana.
- Esque ayer, justo al comienzo de los partidos, se me estropeó. No sintoniza nada. Ya sabe que a mi edad la vista y el oído no van muy bien. Por eso si Usted pudiese aunque fuera nada más echar un vistazo. Quizá sea algún botón o una conexión que yo no alcanzo a ver. Ya sabe lo mucho que me gusta la radio, es por la costumbre y por la compañía que hace.
Todo aquello no tenía mucho sentido porque él conocía todos los recovecos de su vieja radio mejor que nadie, y su vista y su oído a pesar de sus ochenta y tantos estaban tan bien como los de cualquier universitario.
Le pregunté si había visto a Escolástica al subir, pero dijo que no había visto a nadie. Por el camino pasamos delante de la casa de ésta pero no percibí ningún ruido, supuse que se habría acostado a rumiar su hipotética desposesión y su imaginada desgracia, - ¡Pobre mujer!-, pensé un poco arrepentido por mi comportamiento, -debo ir a verla después para tranquilizarla.-.

