Escribir 2
Otro de los peligros que tiene el sucumbir al pecado de la escritura está en la inoportunidad de muchos de esos arrebatos gramaticales. Debe ser común, al menos lo es en mí, el que cuando las ideas llegan lo hacen siempre encadenas a otras, formando en tu imaginación una serie interminable de párrafos y páginas virtuales, es como tirar de una cuerda que no tiene fin.
El problema de todo ello reside en que uno no siempre puede dedicarse con libertad a esa tarea extractora, también tenemos unas obligaciones familiares, laborales y sociales que reclaman nuestro tiempo y atención. Entonces surge otra de esas habilidades ocultas del escritor aficionado, nuestra capacidad para al mismo tiempo que mantenemos una conversación medianamente coherente ir hilvanando frases e ideas, que al no poder recoger vamos memorizando en un enorme mural que pintamos en nuestra mente.
Yo soy hombre y por lo general cumplo a rajatabla la norma de que sólo puedo hacer una tarea a la vez, excepto en este caso que logro realizar tres simultáneamente. Supongo que las tres de manera mediocre, pero uno se conforma ya con poco.
A mi me sigue admirando esta capacidad, porque no sólo he sido capaz de memorizar páginas enteras, sino metáforas, descripciones, diálogos, e hilos argumentales, y todo ello lo visualizo durante mis inoportunos arrebatos de una manera tan clara que luego al ponerme delante del papel o del ordenador es como si simplemente estuviera haciendo una copia, pasándolo a limpio.
No sabría describir cuál es la diferencia entre que esas creaciones se queden en mi cabeza, o se recojan en una libreta o un archivo informático para luego quedar olvidadas. Sin embargo puedo garantizar que siento un gran alivio y bienestar en el momento en que las saco de mi mente para trasladarlas a cualquier otro soporte.

