06/12/2007

Escribir

A quienes les gusta escribir les resultará familiar todo esto.
La emoción de escribir es un sentimiento que quienes lo disfrutamos demasiado a menudo ya ni lo distinguimos, estamos acostumbrados, es una necesidad que no admite retraso.

Hoy registrando en ese oscuro cajón sin fondo ni salida donde guardo todas las ideas que salen de mí, encontré unas páginas manoseadas escritas en renglones temblorosos con letra febril. Era nada más y nada menos que el primer cuento que escribí en mi adolescencia. Entonces acudió a mi mente el momento preciso en que hice aquella primera página, puedo afirmar que sentí lo mismo que sintió Proust con su famosa magdalena (salvando las distancias). Aquellos papeles viejos me transportaron al momento exacto en que los había escrito y me trajeron también los sentimientos que experimenté aquella noche.

Ya estaba acostado, medio dormido quizá, y de repente como cuando se incendia hoja seca o el agua sale a borbotones de una pota hirviendo, las palabras comenzaron a agolparse en mi mente a velocidad incontrolable. Me incorporé rápidamente. ¿ Qué podía hacer?. Agarré un boli y me puse a la tarea con las piernas aún metidas en la cama. Estaba poseido por un fervor, las ideas, frases y palabras salían por los trazos de mi boli como escupidas, arrancadas en dolorosos tirones que sin embargo me aliviaban. Dejarlo dentro hubiera sido un error, sería insoportable guardárselo.

Al terminar aquella página me quedé como se quedaría quien termina de correr una maratón. Y me pregunté qué había podido ser aquel extasis, aquella irrefrenable sensación de placer y amargura entremezcladas. Era el hechizo de la escritura que me había atrapado, luego ya aprendí que los hechizos sólo duran un tiempo y las maldiciones toda la vida.

Posted by Trelles at 18:07:08 | Permanent Link | Comments (0) |
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