Verdeoscuro
He andado liado, sin tiempo para actualizar, pero ahora voy a colgar un microrelato que escribí hace tiempo. Es curioso el trabajo que da escribir estos textos, donde cada palabra es importantísima y cada coma puede significar demasiado.
- Abuelo, la noche es bella y larga. No debe uno ponerse triste cuando una cosa bella dura tanto tiempo. Vamos a cenar.
Verdeoscuro.
Aquella noche se hizo eterna, pues el tiempo se había detenido en todos los lugares menos en nuestro pueblo. Desde mi ventana veía las luces del talgo Gijón-Barcelona paralizadas a toda velocidad allá en el fondo de la cuenca. Mi abuelo decía que la luna se había estropeado, se había salido de su raíl, y ahora estaba enredada en esa fina red que tejen las estrellas cuyos retales caen a los prados en forma de rocío. Él se pasaba las horas muertas delante de casa, oteando impaciente el horizonte en busca del rezagado amanecer. Yo era féliz porque creía que me iba a hacer mayor mientras que mis amigos seguirían siendo niños. No me daba cuenta de que el tiempo puede detenerse aunque los relojes sigan dando la hora, y que quizá yo tampoco pudiese crecer aunque me pareciese que las horas pasaban. Cenábamos tres veces al día. Cuando mi madre tenía la mesa preparada me mandaba a la antojana a buscar al abuelo. Entonces sin apartar su mirada del cielo él me decía: - Tu padre ya no regresará de su turno de noche en la mina, no verás nunca florecer los manzanos en el pumar, ni a tu abuelo sonriendo aquí sentado al recordar sus tiempos mozos, ye triste, ye muy triste...
- Abuelo, la noche es bella y larga. No debe uno ponerse triste cuando una cosa bella dura tanto tiempo. Vamos a cenar.

