Cartas
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- Don Francisco, hága el favor de aconsejarme, Usted es una persona preparada, esto un asunto de locos y muy urgente. – La vieja Escolástica me cogió justo al salir de casa cuando yo me disponía a emprender mi paseo matutino, había estado esperándome afuera desde temprano, al oírme bajar las escaleras se plantó inmediatamente ante mi puerta. No había dado dos pasos en el exterior ni apenas aspirado dos bocanadas de aire fresco cuando agarrándome del brazo me metió de nuevo en casa sin opción posible a resistencia, mientras farfullaba algo acerca de no sé qué desgracia relacionada con una carta que había recibido el lunes.
Intenté tranquilizarla, la invité a pasar a mi cocina y a tomarse un café caliente que sorbió con avidez a pesar de las horas de sueño que decía adeudarse.
- Calle, calle, Usted aún no conoce mi circunstancia. Es de locos. No he dormido desde el lunes cuando recibí la carta. Como sabe mi marido ha muerto hace unos años, Dios lo tenga en su Gloria, estuvimos casados durante más de cincuenta y cinco años, desde jóvenes los dos viviendo en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separó.
- Nadie lo duda Escolástica y mucho menos a estas alturas, ¿ pero qué tiene eso que ver con el contenido de esa carta?.
- Usted verá, yo no creo haber comprendido del todo, pero la remite el Registro o la Notaría. No recuerdo bien porque se me nubló la vista. Por lo que he podido descifrar dice que debo desalojar la casa porque no es de mi propiedad. Mire, léalo usted mismo por favor. – Y comenzó a rebuscar nerviosamente en los bolsillos de su mandil.
- Pero que tontería, la casa es suya, ha estado a su nombre desde la muerte de su madre.
- Llevo viviendo en esa casa desde que nací, esto es un atropello. Dice que es de mis sobrinos o de sus hijos, que debo desalojarla lo más rápido posible. Por Dios, ojalá mi Enrique estuviera aquí para ayudarme.
- No se preocupe, debe de ser un malentendido, sus sobrinos terminarán heredando su casa pero aún es pronto, es una confusión. Recuerde que yo mismo la ayudé a hacer testamento. Creo que lo mejor sería que me dejase ver esa carta para que yo pudiese...
- ¿ Sabe lo que le digo?, si alguien quiere echarme de mi propia casa que venga si se atreve, lo que quede del alma de mi Enrique se levantará de allá donde yazca y vendrá a defenderme, sus huesos aporrearán con fuerzas de ultratumba el mármol de su nicho y vendrán hasta aquí para....
En este punto interrumpió su perorata y abandonó apresuradamente mi cocina sin apenas despedirse, dejándome con la palabra en la boca. La imagen de aquella mujer, encogida y arrugada como una nuez, mentando furibundamente el nombre de su difunto esposo me resultó a la vez hilarante y sobrecogedora. Me la imaginé empuñando una escoba en la puerta de su casa, mientras maldecía como un demonio, y decidida a oponer una resistencia feroz a unos supuestos asaltantes que cabía la remota posibilidad de que viniesen a desposeerla.
Nunca la he visto tan alterada, realmente tengo curiosidad por leer esa carta misteriosa, supongo que será de la Seguridad Social, del banco o de la compañía eléctrica. ¿ Por qué no me la habrá dejado leer a mí para acabar con este lío?. Bueno, ahora que se ha ido voy a dar mi paseo por fin. "

