29/12/2007

Mudanza

Estoy muy atareado y por unos días mis actualizaciones serán cortas y rápidas, eso si, siguiendo en mi línea de calidad (descendente). Hoy pongo un fragmento que se ajusta a la ocasión, el comienzo del manifiesto surrealista de André Bretón, no sé cual de ellos....
Ah!!. Y para quien lea esto les deseo un año 2008 al menos no tan malo como éste o que sea mejor si puede ser, pero tampoco exijan mucho, que las mayores expectativas traen consigo las más grandes decepciones.

  Manifiesto Surrealista:

Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido a través de su indiferencia o de su interés, casi siempre al través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades... ¡ O lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento de examen, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un niño recién nacido. En lo que se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen.

Todas las mañanas los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las peores circunstancias materiales parecen excelentes. Luzca el sol o esté negro el cielo, siempre seguiremos adelante, jamás dormiremos. Pero no se llega muy lejos a lo largo de este camino; y no se trata solamente de una cuestión de distancia. Las amenazas se acumulan, se cede, se renuncia a una parte del terreno que se debía conquistar.
 
Aquella imaginación que no reconocía límite alguno ya no puede ejercerse sino dentro de los límites fijados por las leyes de un utilitarismo convencional; la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función subordinada, y cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años prefiere, por lo general, abandonar al hombre a su destino de tinieblas.

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19/12/2007

Encrucijadas

La vida es una constante encrucijada. Mañana tengo una entrevista de trabajo en una gran ciudad, naturalmente voy con la esperanza de conseguir el puesto. Sin embargo puedo confesar aquí, que nadie me escucha, que realmente no quisiera trabajar allí, es más lo odio. La gran ciudad es el infierno de la creación humana, un lugar fascinante y exagerado, hecho para ser soportado y admirado, hecho para embriagar y ahogar. En un principio la ciudad nos compra con su magnificencia y su vistosidad, pero luego te atrapa bajo su peso y su férreo ritmo de vida. Siempre me han dado miedo los metros de estas ciudades. Cientos de personas pegadas entre sí, aspirando sus efluvios entremezclados, en silencio evitando mirarse a los ojos o simplemente saludarse. Es algo horrible. Cada día me da más miedo, porque sé que cuando llegue allí me dejará de aterrar, ese cuadro de silencio e ignorancia hacia los semejantes se volverá cotidiano, y entonces lo que me aterrará será que alguien me dirija la palabra o me mire a los ojos.
¿Quiero marcharme?, las decisiones más importantes de la vida no se toman meditadamente sino impulsivamente, porque sino nadie se equivocaría y todos seríamos felices. ¿ Qué quiero hacer?, ayer quería ser mayor y hoy quiero ser joven. ¿ Estaba equivocado antes o lo estoy ahora?, simplemente no estaba equivocado.
Yo sé que me gusta Asturies, y no me marcharía por todo el oro del mundo, pero me voy por sólo un sueldo. Me voy a una entrevista a fingir y demostrar que realmente quiero ese trabajo, cuando lo que realmente deseo es quedarme en mi tierra, tomar unes de sidra y rezar porque empiece a llover de una vez, que este otoño tan seco nun ye normal.
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11/12/2007

Escribir 2

Otro de los peligros que tiene el sucumbir al pecado de la escritura está en la inoportunidad de muchos de esos arrebatos gramaticales. Debe ser común, al menos lo es en mí, el que cuando las ideas llegan lo hacen siempre encadenas a otras, formando en tu imaginación una serie interminable de párrafos y páginas virtuales, es como tirar de una cuerda que no tiene fin.

El problema de todo ello reside en que uno no siempre puede dedicarse con libertad a esa tarea extractora, también tenemos unas obligaciones familiares, laborales y sociales que reclaman nuestro tiempo y atención. Entonces surge otra de esas habilidades ocultas del escritor aficionado, nuestra capacidad para al mismo tiempo que mantenemos una conversación medianamente coherente ir hilvanando frases e ideas, que al no poder recoger vamos memorizando en un enorme mural que pintamos en nuestra mente.

Yo soy hombre y por lo general cumplo a rajatabla la norma de que sólo puedo hacer una tarea a la vez, excepto en este caso que logro realizar tres simultáneamente. Supongo que las tres de manera mediocre, pero uno se conforma ya con poco.

A mi me sigue admirando esta capacidad, porque no sólo he sido capaz de memorizar páginas enteras, sino metáforas, descripciones, diálogos, e hilos argumentales, y todo ello lo visualizo durante mis inoportunos arrebatos de una manera tan clara que luego al ponerme delante del papel o del ordenador es como si simplemente estuviera haciendo una copia, pasándolo a limpio.

No sabría describir cuál es la diferencia entre que esas creaciones se queden en mi cabeza, o se recojan en una libreta o un archivo informático para luego quedar olvidadas. Sin embargo puedo garantizar que siento un gran alivio y bienestar en el momento en que las saco de mi mente para trasladarlas a cualquier otro soporte.

Posted by Trelles at 20:16:15 | Permanent Link | Comments (0) |

06/12/2007

Escribir

A quienes les gusta escribir les resultará familiar todo esto.
La emoción de escribir es un sentimiento que quienes lo disfrutamos demasiado a menudo ya ni lo distinguimos, estamos acostumbrados, es una necesidad que no admite retraso.

Hoy registrando en ese oscuro cajón sin fondo ni salida donde guardo todas las ideas que salen de mí, encontré unas páginas manoseadas escritas en renglones temblorosos con letra febril. Era nada más y nada menos que el primer cuento que escribí en mi adolescencia. Entonces acudió a mi mente el momento preciso en que hice aquella primera página, puedo afirmar que sentí lo mismo que sintió Proust con su famosa magdalena (salvando las distancias). Aquellos papeles viejos me transportaron al momento exacto en que los había escrito y me trajeron también los sentimientos que experimenté aquella noche.

Ya estaba acostado, medio dormido quizá, y de repente como cuando se incendia hoja seca o el agua sale a borbotones de una pota hirviendo, las palabras comenzaron a agolparse en mi mente a velocidad incontrolable. Me incorporé rápidamente. ¿ Qué podía hacer?. Agarré un boli y me puse a la tarea con las piernas aún metidas en la cama. Estaba poseido por un fervor, las ideas, frases y palabras salían por los trazos de mi boli como escupidas, arrancadas en dolorosos tirones que sin embargo me aliviaban. Dejarlo dentro hubiera sido un error, sería insoportable guardárselo.

Al terminar aquella página me quedé como se quedaría quien termina de correr una maratón. Y me pregunté qué había podido ser aquel extasis, aquella irrefrenable sensación de placer y amargura entremezcladas. Era el hechizo de la escritura que me había atrapado, luego ya aprendí que los hechizos sólo duran un tiempo y las maldiciones toda la vida.

Posted by Trelles at 18:07:08 | Permanent Link | Comments (0) |