29/11/2007

Amigos y conocidos.

Pego esta reflexión que estoy poniendo en boca de uno de los personajes del último relato que estoy escribiendo. Habla de la amistad hoy día, puede que diga algunas verdades o puede que se equivoque, yo no juzgo lo que dicen mis personajes, ese trabajo que lo haga el lector.

Perdí el contacto con los pocos amigos que me quedaban de la juventud. No valían un duro la verdad. En cuanto se echaban novia ya ni te cogían el teléfono, y si estabas en problemas en vez de ayudarte se dedicaban a criticarte entre ellos. La amistad hoy día no es nada recomendable, es superficial y vacía. No conduce a nada tener amigos, sólo sirve para ir de vinos, hacer negocios, y en ocasiones hablar de política o deportes sin demasiada convicción. No puedes compartir con ellos tu visión de la vida porque eres un bicho raro si haces alguna cosa considerada fuera de lo normal o si piensas que existen cosas más allá del fútbol, la hipoteca, las vacaciones y las compras.
Tienes que aguantarles quejándose de los hijos de los demás mientras una fiera gritona y maleducada les tira del pantalón. Oirles criticando al vecino por estar endeudado cuando ellos mismos no tienen para pagar la letra de su nuevo cochazo. Callarte cuando dicen que la pareja de fulanito lo tiene sometido y no lo deja salir cuando ni siquiera pueden ir a ningún lado sin el consentimiento de la suya propia.
 Hoy día la amistad es pura falsedad, de hecho se considera descortés o insultante ser sincero con un amigo. Un consejo desde el corazón normalmente significa el fin de una amistad. La gente sólo quiere que les digan lo que les gustaría escuchar, sobrepasar esa línea, aún con la mejor de las voluntades, supone terminar o enfriar cualquier relación.
 Por ello considero mucho más útil y productiva la figura del “conocido” que la del amigo, tiene todas las ventajas de la amistad pero ninguno de sus inconvenientes. Sinceramente opino que hoy en día los conocidos han ocupado el lugar del amigo, aunque muchos no se den cuenta, pero ya se la darán cuando atraviesen alguna adversidad y se encuentren solos, olvidados por esos conocidos y pretendidos amigos.
Posted by Trelles at 11:55:49 | Permanent Link | Comments (0) |

23/11/2007

Verdeoscuro

He andado liado, sin tiempo para actualizar, pero ahora voy a colgar un microrelato que escribí hace tiempo. Es curioso el trabajo que da escribir estos textos, donde cada palabra es importantísima y cada coma puede significar demasiado.

Verdeoscuro.

 

Aquella noche se hizo eterna, pues el tiempo se había detenido en todos los lugares menos en nuestro pueblo. Desde mi ventana veía las luces del talgo Gijón-Barcelona paralizadas a toda velocidad allá en el fondo de la cuenca. Mi abuelo decía que la luna se había estropeado, se había salido de su raíl, y ahora estaba enredada en esa fina red que tejen las estrellas cuyos retales caen a los prados en forma de rocío. Él se pasaba las horas muertas delante de casa, oteando impaciente el horizonte en busca del rezagado amanecer. Yo era féliz porque creía que me iba a hacer mayor mientras que mis amigos seguirían siendo niños. No me daba cuenta de que el tiempo puede detenerse aunque los relojes sigan dando la hora, y que quizá yo tampoco pudiese crecer aunque me pareciese que las horas pasaban. Cenábamos tres veces al día. Cuando mi madre tenía la mesa preparada me mandaba a la antojana a buscar al abuelo. Entonces sin apartar su mirada del cielo él me decía: - Tu padre ya no regresará de su turno de noche en la mina, no verás nunca florecer los manzanos en el pumar, ni a tu abuelo sonriendo aquí sentado al recordar sus tiempos mozos, ye triste, ye muy triste...
- Abuelo, la noche es bella y larga. No debe uno ponerse triste cuando una cosa bella dura tanto tiempo. Vamos a cenar.
Posted by Trelles at 16:36:22 | Permanent Link | Comments (0) |

09/11/2007

Cartas

Actualizo metiendo ya al tercer personaje en liza: Escolástica mujer de casi noventa años, muy religiosa. Me queda un poco largo el post pero no creo que deba cortar la escena, que transcurre enteramente en la cocina de Don Francisco.

"

- Don Francisco, hága el favor de aconsejarme, Usted es una persona preparada, esto un asunto de locos y muy urgente. – La vieja Escolástica me cogió justo al salir de casa cuando yo me disponía a emprender mi paseo matutino, había estado esperándome afuera desde temprano, al oírme bajar las escaleras se plantó inmediatamente ante mi puerta. No había dado dos pasos en el exterior ni apenas aspirado dos bocanadas de aire fresco cuando agarrándome del brazo me metió de nuevo en casa sin opción posible a resistencia, mientras farfullaba algo acerca de no sé qué desgracia relacionada con una carta que había recibido el lunes.

Intenté tranquilizarla, la invité a pasar a mi cocina y a tomarse un café caliente que sorbió con avidez a pesar de las horas de sueño que decía adeudarse.

- Calle, calle, Usted aún no conoce mi circunstancia. Es de locos. No he dormido desde el lunes cuando recibí la carta. Como sabe mi marido ha muerto hace unos años, Dios lo tenga en su Gloria, estuvimos casados durante más de cincuenta y cinco años, desde jóvenes los dos viviendo en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separó.

- Nadie lo duda Escolástica y mucho menos a estas alturas, ¿ pero qué tiene eso que ver con el contenido de esa carta?.

- Usted verá, yo no creo haber comprendido del todo, pero la remite el Registro o la Notaría. No recuerdo bien porque se me nubló la vista. Por lo que he podido descifrar dice que debo desalojar la casa porque no es de mi propiedad. Mire, léalo usted mismo por favor. – Y comenzó a rebuscar nerviosamente en los bolsillos de su mandil.

- Pero que tontería, la casa es suya, ha estado a su nombre desde la muerte de su madre.

- Llevo viviendo en esa casa desde que nací, esto es un atropello. Dice que es de mis sobrinos o de sus hijos, que debo desalojarla lo más rápido posible. Por Dios, ojalá mi Enrique estuviera aquí para ayudarme.

- No se preocupe, debe de ser un malentendido, sus sobrinos terminarán heredando su casa pero aún es pronto, es una confusión. Recuerde que yo mismo la ayudé a hacer testamento. Creo que lo mejor sería que me dejase ver esa carta para que yo pudiese...

- ¿ Sabe lo que le digo?, si alguien quiere echarme de mi propia casa que venga si se atreve, lo que quede del alma de mi Enrique se levantará de allá donde yazca y vendrá a defenderme, sus huesos aporrearán con fuerzas de ultratumba el mármol de su nicho y vendrán hasta aquí para....

En este punto interrumpió su perorata y abandonó apresuradamente mi cocina sin apenas despedirse, dejándome con la palabra en la boca. La imagen de aquella mujer, encogida y arrugada como una nuez, mentando furibundamente el nombre de su difunto esposo me resultó a la vez hilarante y sobrecogedora. Me la imaginé empuñando una escoba en la puerta de su casa, mientras maldecía como un demonio, y decidida a oponer una resistencia feroz a unos supuestos asaltantes que cabía la remota posibilidad de que viniesen a desposeerla.

Nunca la he visto tan alterada, realmente tengo curiosidad por leer esa carta misteriosa, supongo que será de la Seguridad Social, del banco o de la compañía eléctrica. ¿ Por qué no me la habrá dejado leer a mí para acabar con este lío?. Bueno, ahora que se ha ido voy a dar mi paseo por fin. "

Posted by Trelles at 16:51:47 | Permanent Link | Comments (0) |

02/11/2007

On/Off

Aquí va otro parrafillo: Don Francisco, jubilado q no tiene más de setenta años; y Pepe, anciano que rondaría los ochenta y tantos.

Fue un atardecer de martes otoñal, a finales de octubre, cuando las radios dejaron de funcionar. Al día siguiente por la mañana acudiría Pepe a mí en busca de ayuda, pues no soportaría perderse también la retransmisión de los partidos de fútbol del miércoles.

Jamás encontré explicación alguna a tal fenómeno, ni llegué a saber si estaba relacionado con el resto de chocantes sucesos acaecidos en el pueblo por aquella época, lo único cierto era que las radios no sintonizaban nada a pesar de no estar averiadas. Aunque yo soy de letras y no entiendo mucho de aparatos, por eso me extrañó que Pepe acudiese a mí como si fuera una especie de electricista, supongo que simplemente lo hizo porque no tenía nadie más a quien acudir.

Posted by Trelles at 12:16:16 | Permanent Link | Comments (0) |