Con el paso de los meses la crisis se iba agudizando. Nadie parecía darse cuenta, era como estar en un gran psiquiátrico. En las noticias no se cansaban de hablar de economía y de paro, sobre todo en las cadenas afines a la oposición. Pero en la calle todo seguía igual, como si a nadie le importase.
Yo pensaba que estábamos en una época de cambios, que las hordas de parados se unirían, una nueva revolución, por fin se obligaría a los ricos a ceder el diezmo. Surgirían nuevas ideologías, de una vez por todas los humanos superaríamos nuestra mentalidad prehistórica, violenta y egoísta, las izquierdas renacerían con la misma fuerza que en la revolución francesa. Pero nada de nada, demasiados siglos de adoctrinamiento, de sociedad estrecha y encorsetada, demasiadas generaciones acostumbradas a ceder la libertad de sus hijos a cambio de un poco de limosna. El eterno problema de la condición humana, el egoísmo, la envidia, la falta humildad y de respeto por nuestro semejantes. Todos llevamos dentro un tirano insaciable, sin piedad ni compasión, todos los padres, las madres, sus hijos, llevamos dentro la implacable lucha salvaje por la supervivencia que hoy día tenemos tan presente como cuando vivíamos sobre los árboles. Si podemos robarle la novia maciza a nuestro amigo lo hacemos, si podemos enrollarnos con su hija o coger su puesto de trabajo o su plaza de aparcamiento tampoco dudamos. Seguimos siendo una raza de gorilas salvajes y malvados.
La revolución francesa terminó ahogada por Napoleón, que impuso a Francia por encima de la humanidad entera, porque esa revolución no surgió por ni para Francia, surgió por y para el pueblo del mundo entero. Los revolucionarios no querían conquistar Europa, querían liberarla. Pero los hombres casi siempre necesitan un Dios que les sirva de guía, para no desbocarse y distraerse, para no acabar tendidos en un recodo del camino rascándose las pelotas o seduciendo jovencitas. Y Dios siempre necesita un Mesías, un portavoz en la tierra y cuanto más poderoso y opulento mejor. Somos como niños malos, es nuestra debilidad, si no pensamos en que nos espera algún castigo no podemos respetar ninguna norma. Pero por muchos cuentos que quieran contarte no hace falta ser religioso para tener moral.
Somos una especie dotada de inteligencia, de tecnología, nuestro planeta podía ser la ostia, y sólo es un agujero cada día más lleno de mierda. No puedo comprenderlo, tenemos los medios y los recursos para que nadie pase hambre en el planeta, para que nadie sufra, para dar educación a todos los niños del mundo. Y sin embargo hemos creado un sistema absurdo, que se viene abajo periódicamente porque está basado en que unos pocos pueden retener la riqueza y negarla a el resto. Parece que digo gilipolleces, pensad en la monarquía de nuestro país, llevan posándosela de padres a hijos desde hace más de mil trescientos años, tener el poder no es broma, sirve para que tus descendientes puedan seguir en la poltrona por muy ineptos que sean.
Son cosas del mundo de actual que no comprendo, como un hombre puede necesitar una mansión de 500 metros cuadrados, cuarenta coches de lujo y tres piscinas. ¿ Puede alguien usar veinte móviles, tres consolas, y trece televisores?. Y eso sólo los cantantes y los actores, que no quiero imaginar lo que tendrán los banqueros y los empresarios, que esos no salen en la MTV. Esos llevan una vida austera y sacrificada, con sus trajes oscuros y su retórica vacía, los que mangonean tus dineros y se reparten los cargos en los gobiernos y los consejos de administración.
Ellos son los que nos hablan de globalización con una alegría cándida y un brillo misterioso en los ojos, estamos jodido con ese cuento. Quieren globalizar lo que les interesa a ellos, el libre mercado, sus barcos, sus cuentas corrientes, sus mercancías pueden ir de un lado a otro libremente. Las fronteras les parecen una cosa razonable para mantener a ralla los millones de hambrientos que viven al otro lado, pero sin embargo no quieren ninguna frontera para sus empresas ni para sus fortunas, esas que vuelan a paraísos fiscales en menos que quiebra un banco. Son muy nacionalistas con respecto al idioma, a las costumbres, la religión, la historia, pero no les importa pagar limosnas a sus asistentas extranjeras cuasiesclavas, y por muchas toneladas de orgullo patrio que tengan no les importa irse a vivir a Andorra o a Suiza con tal de no pagar impuestos.
El nacionalismo y el fanatismo religioso son inventos de los ricos para que los pobres se vayan matando y entreteniendo entre ellos. No tienen explicación en el mundo moderno, vivimos en la tierra y somos humanos, el resto de diferencias y tradiciones son tan insignificantes que no merece la pena nombrarlas. Pero claro a los de arriba no les interesa que esto se entienda así, quieren globalizar la pobreza y la subnormalidad, el egoísmo, la falta de escrúpulos, quieren que nos devoremos como bestias en el circo mientras ellos miran desde el tendido. Eso es lo que pretenden ellos, los banqueros, los empresarios, los dictadores al fin y al cabo, por eso existen dictaduras malas o buenas, porque quieren embaucarnos. Vivimos bajo el yugo de la dictadura del dinero, necesitamos dinero para ser felices, es nuestra mayor debilidad y por eso todos llevamos dentro un pequeño banquero orgulloso de practicar la usura.