Saturday, September 26, 2009

No sé nada

Me dije, vamos a colgar otro post. Pero si tu blog no lo lee nadie, lo tienes abandonado, olvidado, los comentarios te los ponen tu madre o tu novia, porque les das pena, pero ver si les respondes algo interesante o provocador. Nadie debe pasar de la primera frase, no tienes fotos, ni tags, eres la vergüenza del colectivo y ni siquiera sabes si formas parte del mismo. Tú eres un oso que no sale de su cueva, un pájaro que nunca emigra, una verdad que nadie cree, una mentira que está asumida. La soledad no sabe nada y lo sabe todo, es el pecado que quieres probar pero al probarlo te rechinan los dientes, mejor olvidarlo todo, mejor callarse, mejor el silencio, mejor encender la televisión. Si al final es como si cada mañana fuese el comienzo y cada noche fuese el final, no vas a sacar nada en limpio del tiempo, ni de los sentimientos, no vas a sacar nada de esta vida. Lo mejor es meterla en un cajón y de vez en cuando sacarle brillo, para recordarte a ti mismo que estás vivo y que a veces uno puede sentir algo, uno puede esperar cosas buenas de la gente, de la propia vida.

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Friday, September 18, 2009

El frío vuelve

Ha vuelto a frío y se descongelan mis ideas, ayer las piscinas y las playas estaban llenas, hoy no queda ni un alma, los niños ya no andan correteando,  muchas infancias no llegarán al próximo verano. Es demasiado corto, todo se nos pasa demasiado rápido, parece que falta una eternidad pero ese día por el que tanto has esperado ya no existe, ha pasado y enseguida ni lo recordarás, te parecerá que fue hace siglos, como si tu vida no mereciese la pena una vez que ya ha pasado. La vida son etapas que pasan demasiado rápido, vuelve el frío, vuelven las dudas, vivir es una enorme duda, es un constante preguntarse que haces y adonde vas mientras estás yendo y haciendo. El tiempo es una enorme pieza que quieres cazar y es la red que te atrapa. No comprendes nada, te pierdes, estás sordo, estás mudo, nadie puede escucharte, a nadie escuchas, quisierás correr, quisieras volar, pero volar es llevarte la pena a otro lado. Todo vuelve a empezar y por la mañana eres optimista y por la noche quisieras pegarte un tiro. Estar viviendo es estar perdido, abandonado sin comprender, quien cree que lo sabe todo, que lo comprende todo, ese es el primero de los ciegos. Los sentimientos van dando tumbos, salvajes y desbocados, un día te atrapan los de un lado y otro día los del otro. Sólo sé que no quiero aprender nada, porque aprender es el primer paso a ser un poco más desgraciado,  saber y conocer la realidad te acerca un poco más al dolor, a la muerte. Lo mejor es no saber nada más allá de lo que el mundo quiere mostrarnos, no hay que rascar mucho más, el resto es demasiado como para intentar comprenderlo, el conocimiento de la realidad es un aguejero negro en el que hay que evitar caer.

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Saturday, July 25, 2009

Para que lo entiendan.

Miré los prados, los árboles, el seto, los columpios del parque de esta insoportable ciudad residencial, había perros alegres correteando, gente andando en bici. Yo sabía que era bonito pero sólo en apariencia, empecé a delirar.

Quizá algún día me vuelva lo suficientemente loco como para tener un hijo y entonces le explicaré como funciona esto. Sin mentiras ni medias verdades, la realidad como yo la veo.  Míralo y alégrate, pero has de ser consciente de que ésta es sólo una etapa que tocara a su fin, todas las etapas de la vida y de la existencia tienen fecha de caducidad. Algún día esto desaparecerá del todo, no quedará ni el recuerdo, se convertirá en un vertedero, será pasto de las llamas, será un macro-aparcamiento, un aeropuerto, chalets, ceniza. No importa, ten presente que se evaporará, como un eructo en el aire, que te deja el pesado recuerdo a sabrosa comida y luego desaparece.

Esto debes aplicarlo al resto de cosas de la vida, todas se ajan, todas se deforman hasta no parecerse en nada a lo que fueron, hasta evaporarse. No tomes demasiado cariño a las cosas, mejor asumirlo. ¿Ves aquella enorme montaña?, mañana será polvo, desierto, será engullida por el océano, cabría en la palma de tu mano si tú aún siguieras aquí.  Quizá hoy, o quizá dentro de un trillón de años, nuestro planeta arderá como una cerilla y no quedarán ni las brasas, ni rastro.

No entiendas esto como una cosa horrible, tiene su lado bueno, piensa que las cosas malas también desaparecerán. Todo va a evaporarse, sin que nadie se entere, como un beso lanzado al aire, como las palabras gritadas delante del espejo. Nada es lo suficientemente importante como para preocuparse, todo se va a ir al garete. Todo se acaba y es precioso saberlo, entenderlo, porque todo se relativiza, nos iguala a todos, a los insectos y a los dioses, al oro y a la mierda. Esto iba a contarle a mi hijo, menuda historia, como si todo el mundo pudiese comprenderlo así de fácil.

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Saturday, July 4, 2009

De ilusiones vive el tonto los cojones.

Una vez creí que me podía sonreir la suerte, que sería un afortunado, que no terminaría como estoy ahora, olvidado, solitario y reventado de trabajar. En el barrio períferico donde vivíamos se publicaba una revista cultural mensual, supongo sería cosa de aficionados, pero en un barrio de Madrid una cosa así alcanza los diez mil ejemplares. La buzonearon en mi casa y observé que tenían una sección de opinión, interesante… podían enviarse textos.
Me decidí a escribir algo, cualquier cosa que me saliese de la cabeza, de mi cabeza no sale nunca nada bueno. Hice un textillo de opinión sobre el tráfico en la gran ciudad, muy razonado, aburridísimo, escribí una carta de presentación dando pena a los editores anónimos. No había ninguna posibilidad de que lo publicasen.
A primeros de mes fui con mi novia a la biblioteca a sacar algún libro, y al ver aquella revista le eché una ojeada. Increible, habían publicado mi textito, les había dado pena, y vergüenza ajena sin duda. Me puse nervioso, no me atreví a decírselo a mi novia, tenía miedo de que se riese de mi, hice bien era una tontería, nadie con dos dedos de frente asumiría la autoría de una cosa tan abominable.
De todas formas me puse contento, cogí la bici y la mochila y me fui por ahí, en un parque me paré. Me dije, hay que celebrarlo, tenía whisky, una libreta y un puro. Iba a escribir sobre la alegría de la vida, el éxito y lo aclamada que sería mi persona. El comienzo del fin de mis padecimientos, dejaría de tener que aguantar a palurdos, las jovencitas revolotorían a mi alrededor, respeto, susurros en mi presencia, podría recluirme en un retiro espiritual, y sobre todo dejar de trabajar. No volver a pegar palo al agua en la vida, la aspiración de cualquiera que sepa lo que es madrugar para que te rompan las pelotas, la razón por la que la gente se gasta miles de millones en lotería, para no volver a ver jamás la cara de sus jefes. Las palabras acudían a mi triunfantes, me iba a quedar bien agustito, lo mismo que cuando sales del baño tras echar unos chuzos como ladrillos.
Era una tórrida tarde de verano en Madrid, el bochorno, empezó a nublarse, nubes negras y grandes como demonios, empezaron a caer gotas, no podía creerlo. Traté  de aguantar, serán cuatro gotas, pero la cosa empeoró, unos chuzos como flechas. Se me mojó el puro, lo que estaba escribiendo se emborronó todo. Menuda tormenta cayó, de las que salen en los telediarios, se formaron balsas en las calles, unas gotas gordas y calientes como gargajos.
Llegué a mi casa empapado, me daba igual, estaba contento. Miré el buzón vacío, cuando me dejen el ejemplar estaré ante mi primera publicación, quedará para siempre. Pero no llegó, por alguna razón aquel mes no buzonearon en mi edificio, era verano, vacaciones, ya se sabe. Tampoco lo encontré en otras casas a pesar de que me colé en varios portales. Sólo vi el ejemplar que dejaron en la biblioteca, pasadas varias semanas me acerqué allí para robarlo disimuladamente, era mi primer robo y mi primera obra anónima publicada. Fue un gran alivio comprobar que la revista aún seguía en la estantería, sería al menos un pequeño testimonio de mi lucha contra el destino, de mis esfuerzos por vencer esta condena.
Pero al abrirla comprobé que faltaban hojas, que precisamente faltaba mi hoja entre muchas otras. Algún gamberro la arrancó para tirarse bolas de papel con los colegas, quizá una abuela para envolver huevos, quizá alguien hizo un collage con ella, o quizá algún ser había leído mis palabras, las había comprendido y había decidido llevárselas. Era la opción más remota, lo más improbable a todas luces, doy fe de ello.

 

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Thursday, May 21, 2009

Ruleta rusa en el metro.

Para entender a la muerte hay que verla de verdad. Observarla de cerca, en su realidad, en toda su simpleza. A todos la muerte nos suena como algo raro, oscuro y lejano, como un trueno que cae muy lejos. Se podrían escribir libros enteros sobre la muerte, sobre las impresiones que produce, sus adjetivos son inagotables. Morir nos parece algo complicadísimo, un proceso que requiere de miles de factores para darse, un lento gigante que ves acercarse en el horizonte y que sabes viene a aplastarte, pero piensas que tardará una eternidad en alcanzarte. Sin embargo muchas veces ella es más rápida que el rayo y cae al azar en cualquier sitio sin que se de ninguna de las circunstancias propicias para ello.
El otro día pusieron un video de un asesinato en el metro, ese mismo metro que todos los días me lleva al trabajo. Un chico de 16 años murió de un certero navajazo que le tiró un nazi entrenado para ello, para matar sin razón y sin sentir la duda, peor que cualquier verdugo, más salvaje y sanguinario que todas las guillotinas de la revolución francesa juntas.
La comida se me atragantó de tal modo que vomité sobre la mesa. Eso por mirar la tele mientras comes. Aquel chico podía haber sido cualquiera, yo, tú, tu madre, mi abuelo. El metro podía haber seguido unos metros, podía haber entrado en otro vagón, podía haber perdido ese tren si hubiese llegado cinco minutos después y se hubiera salvado. Sin saberlo estaba jugando en un juego, el mismo al que todos jugamos cada día, y en la ruleta rusa que aquel día eran los vagones de metro le tocó perder a él.
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Monday, April 27, 2009

Si pudiera

Como si mi propia vida fuese algo lejano que iba pasando fugazmente, algo sobre lo que yo no tenía ningún control ni influencia, así me sentía. Estaba metido dentro de mi cuerpo, dentro de mi existencia, pero ésta no me pertenecía, era más bien como carcel o una jaula. Yo únicamente era el público de una obra de teatro en la que se representaba mi vida, y a la vez era un actor esclavo de guionistas sin cara, incapaz de ninguna improvisación, impedido para tomar un rumbo diferente. Una marioneta del destino, un monigote infeliz moviéndose al azar empujado por el viento, pero manteniendo la ilusión de que era mi voluntad la que me guiaba. Mi única guía era la gravedad que me impulsaba hacia el agujero, la fuerza del torbellino que me arrastraba, la rutina del trabajo, el alquiler, los impuestos, la convivencia, poderosas máquinarias que aplastaban todo mi ser.
Había dejado de escribir y de leer por completo, había dejado de ser yo, abandonando las cosas que merecían la pena. Lo iba posponiendo, el tiempo y las ganas siempre me faltaban, todo pospuesto indefinidamente, una vida pospuesta para poder vivir. Intentaba no pensar en ello, como si nunca me hubiese gustado escribir y desahogarme sobre el papel, junto a mis palabras, como si ese no fuese el único alivio que yo conocía. Llegué a tomarle asco a la sola idea de volver a escribir una frase, como si tuviera que avergonzarme de ello.
Así le sucede a todo el mundo, la vida que desean se les escapa entre las manos por abrazar a una vida que no pueden evitar. Su trabajo, su obligaciones, sus familias. La  sueños se convierten en pesadillas, en fantasmas aplastados por el agobio, la pasión se vuelve tedio, la fe desesperanza.
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Wednesday, February 25, 2009

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra

El invierno me deja un hueco, y me acerco a mi libreta. Tras soltar en el post anterior un tocho sobre la crisis, ahora al leerlo me queda una sensación extraña. Reconozco que cuando lo escribí estaba enfebrecido por el frío y por el mono de escribir lo que fuera. Por eso ahora al reflexionar sobre todo esto un poco más sosegadamente me di cuenta de que me faltaba la paciencia. Las revoluciones no son cosa de unos meses, ni de unos años, las cosas de la vida van lentas. A los dinosaurios les costó unos miles de años extinguirse pero finalmente no quedó ni uno y eso que eran bien grandes. Los hombres llevaremos sobre la tierra unos cuantos cientos de miles de años. ¿ Qué son doscientos años desde la revolución francesa o dos mil desde Jesucristo?. Eso no es nada, es un eructo del planeta, lo malo que en sólo cien años los humanos hemos puteado al planeta más que los dinosaurios durante un porrón de miles de años.

De cualquier manera, hay que tener esperanza en la civilización, es la única opción, tener la inocente esperanza de un niño o la fe de un ermitaño. Espero que algún día seamos realmente civilizados, que dejemos de ser como leones pegando zarpazos a nuestro hermanos por una presa muerta. Más que esperanza, creo yo, hay que autoengañarse como un bendito porque se te quitan hasta las ganas de follar para no traer más hijos a este mundo de cabrones. Miras a cualquier lado y ves mezquindad, charlatanes que te venden cualquier moto, gente cruel, violenta, gente a la que la humanidad le importa menos que el chuzo que les salió esta mañana por el culo. Sus frentes están fruncidas, su visión está reducida como la de un buey, no pueden asimilar que una situación o un problema salga fuera de su comunidad, de su barrio de su país. El planeta Tierra para ellos es sólo la foto de un calendario viejo, un lugar al que ir de vacaciones en agosto, es algo tan grande que no les afecta en absoluto. Hay que tener paciencia, mucha paciencia, y sino acordaros de los dinosaurios.

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Sunday, February 8, 2009

Un día en que nada tiene sentido.

Con el paso de los meses la crisis se iba agudizando. Nadie parecía darse cuenta, era como estar en un gran psiquiátrico. En las noticias no se cansaban de hablar de economía y de paro, sobre todo en las cadenas afines a la oposición. Pero en la calle todo seguía igual, como si a nadie le importase.

Yo pensaba que estábamos en una época de cambios, que las hordas de parados se unirían, una nueva revolución, por fin se obligaría a los ricos a ceder el diezmo. Surgirían nuevas ideologías, de una vez por todas los humanos superaríamos nuestra mentalidad prehistórica, violenta y egoísta, las izquierdas renacerían con la misma fuerza que en la revolución francesa. Pero nada de nada, demasiados siglos de adoctrinamiento, de sociedad estrecha y encorsetada, demasiadas generaciones acostumbradas a ceder la libertad de sus hijos a cambio de un poco de limosna. El eterno problema de la condición humana, el egoísmo, la envidia, la falta humildad y de respeto por nuestro semejantes. Todos llevamos dentro un tirano insaciable, sin piedad ni compasión, todos los padres, las madres, sus hijos, llevamos dentro la implacable lucha salvaje por la supervivencia que hoy día tenemos tan presente como cuando vivíamos sobre los árboles. Si podemos robarle la novia maciza a nuestro amigo lo hacemos, si podemos enrollarnos con su hija o coger su puesto de trabajo o su plaza de aparcamiento tampoco dudamos. Seguimos siendo una raza de gorilas salvajes y malvados.

La revolución francesa terminó ahogada por Napoleón, que impuso a Francia por encima de la humanidad entera, porque esa revolución no surgió por ni para Francia, surgió por y para el pueblo del mundo entero. Los revolucionarios no querían conquistar Europa, querían liberarla. Pero los hombres casi siempre necesitan un Dios que les sirva de guía, para no desbocarse y distraerse, para no acabar tendidos en un recodo del camino rascándose las pelotas o seduciendo jovencitas. Y Dios siempre necesita un Mesías, un portavoz en la tierra y cuanto más poderoso y opulento mejor. Somos como niños malos, es nuestra debilidad, si no pensamos en que nos espera algún castigo no podemos respetar ninguna norma. Pero por muchos cuentos que quieran contarte no hace falta ser religioso para tener moral.

Somos una especie dotada de inteligencia, de tecnología, nuestro planeta podía ser la ostia, y sólo es un agujero cada día más lleno de mierda. No puedo comprenderlo, tenemos los medios y los recursos para que nadie pase hambre en el planeta, para que nadie sufra, para dar educación a todos los niños del mundo. Y sin embargo hemos creado un sistema absurdo, que se viene abajo periódicamente porque está basado en que unos pocos pueden retener la riqueza y negarla a el resto. Parece que digo gilipolleces, pensad en la monarquía de nuestro país, llevan posándosela de padres a hijos desde hace más de mil trescientos años, tener el poder no es broma, sirve para que tus descendientes puedan seguir en la poltrona por muy ineptos que sean.

Son cosas del mundo de actual que no comprendo, como un hombre puede necesitar una mansión de 500 metros cuadrados, cuarenta coches de lujo y tres piscinas. ¿ Puede alguien usar veinte móviles, tres consolas, y trece televisores?. Y eso sólo los cantantes y los actores, que no quiero imaginar lo que tendrán los banqueros y los empresarios, que esos no salen en la MTV. Esos llevan una vida austera y sacrificada, con sus trajes oscuros y su retórica vacía, los que mangonean tus dineros y se reparten los cargos en los gobiernos y los consejos de administración.

Ellos son los que nos hablan de globalización con una alegría cándida y un brillo misterioso en los ojos, estamos jodido con ese cuento. Quieren globalizar lo que les interesa a ellos, el libre mercado, sus barcos, sus cuentas corrientes, sus mercancías pueden ir de un lado a otro libremente. Las fronteras les parecen una cosa razonable para mantener a ralla los millones de hambrientos que viven al otro lado, pero sin embargo no quieren ninguna frontera para sus empresas ni para sus fortunas, esas que vuelan a paraísos fiscales en menos que quiebra un banco. Son muy nacionalistas con respecto al idioma, a las costumbres, la religión, la historia, pero no les importa pagar limosnas a sus asistentas extranjeras cuasiesclavas, y por muchas toneladas de orgullo patrio que tengan no les importa irse a vivir a Andorra o a Suiza con tal de no pagar impuestos.

El nacionalismo y el fanatismo religioso son inventos de los ricos para que los pobres se vayan matando y entreteniendo entre ellos. No tienen explicación en el mundo moderno, vivimos en la tierra y somos humanos, el resto de diferencias y tradiciones son tan insignificantes que no merece la pena nombrarlas. Pero claro a los de arriba no les interesa que esto se entienda así, quieren globalizar la pobreza y la subnormalidad, el egoísmo, la falta de escrúpulos, quieren que nos devoremos como bestias en el circo mientras ellos miran desde el tendido. Eso es lo que pretenden ellos, los banqueros, los empresarios, los dictadores al fin y al cabo, por eso existen dictaduras malas o buenas, porque quieren embaucarnos. Vivimos bajo el yugo de la dictadura del dinero, necesitamos dinero para ser felices, es nuestra mayor debilidad y por eso todos llevamos dentro un pequeño banquero orgulloso de practicar la usura.

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Saturday, January 10, 2009

Nieve y paro.

Empieza bien el nuevo año con un temporal de agárrate, ayer entré al curro y empezó a nevar a lo loco. Todos como los críos en el colegio, asomándose a la ventana y llamando a tráfico y a su madre y a su primo, y venga a preguntar que si estaba bien la carretera. ¿ Pero si ha caido no sé cuanta nieve en un par de horas cómo quieres que esté la jodida carretera?. En un momento de pánico la oficina se quedó vacía, nadie dió una orden clara pero todo el mundo se marchó, había miedo y excitación.
Con la crisis y el tema de que en cualquier momento me despiden me quedé en mi sitio. Fue el mejor día de trabajo desde que entré en la empresa, allí solo en silencio, sin que nadie ojease mi pantalla, sin que nadie me gritase al oido,¡como Dios!. Esto es grave, si todos los días fuesen así terminará gustándome trabajar.
Otra cosa de las que me retuvo fue el detalle de que en mi casa no funciona la calefacción, a pesar del pastón que pago de alquiler, mientras escribo esto los dedos se me quedan con un grado considerable de hipotermia. Para colmo la calefacción además de no calentar consume más que un alto horno, es lo que tiene mudarse de casa en pleno invierno. Espero llegar a marzo.
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Saturday, December 13, 2008

Hola

No he muerto aún. Pero hace tanto frío que he dejado de escribir unos días. La vida tiene estas cosas, que a veces no te deja hacer lo que quieres, no te lo deja hacer nunca, hasta que te mueres. Siempre hay una excusa, que si tenías que hacer la compra, cuidar de los críos, terminar esa tarea del curro, planchar, arreglar aquello que no funcionaba, etc. Hay gente que se pasa la vida esperando a que le llegue el turno de hacer lo que realmente quiere, y entonces se mueren.
 Si a veces dejo de escribir un mes es porque me da la gana, porque sé que reuniré fuerzas e ideas para volver a hacerlo de nuevo. La mudanza me agotó, demasiado curro, no podía más. No podía leer, no podía escribir, no podía pensar, y así  uno se queda tranquilo. Construyendo excusas que argüir frente a sí mismo.
Vuelvo a casa por navidad, cada día la alargan más, con la crisis la navidad durará un mes. No comprendo la navidad, no soy cristiano por la gracia de Dios, no soy cristiano para mi desgracia supongo.
Nieva mucho ahí afuera. No voy a salir de casa, no voy a hacer nada. Esperaré a que llegue lo que tenga que llegar, ¿ la lotería?, ¿ la muerte?. El año pasado le tocó la lotería a la familia de un amigo mío, sus padres, sus tíos, unos cuantos kilos de pelas de las antiguas, todo felicidad. Pero en enero le diagnosticaron cáncer a su madre, y a darle quimio. ¿ De qué vale la felicidad si se borra igual que una huella en la nieve?. Mierda…

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