Saturday, September 20, 2008

About the people and it´s look


There are people watching you

And wishing you no good

There are people watching you

And thinking you are no good

There are people saying things

About you and no true

There are ways

That take you to nowhere

There are people looking at you

For finding something wrong

There are lights

That darken you

There are people

That makes no company

There are words that say nothing

There are things that don´t mean a thing

There are people around

But you feel lonely

And one day

When it all comes to an end

You will now

That there are also people

Not watching to you

But watching to your soul.

Hay gente que te mira

Hay gente que te mira

Y no te desea bien

Hay gente que te mira

Y piensa que no mereces la pena

Hay gente diciendo cosas

Sobre tí que no son ciertas

Hay caminos

Que te llevan a ningún lado

Hay gente que te mira

Para encontrarte algún defecto

Hay luces

Que oscurecen

Hay gente

Que no te hace compañía

Hay palabras que no dicen nada

Hay cosas que no tienen significado

Hay gente alrededor

Pero te sientes solo

Y un día

Cuando todo llegue a su fín

sabrás

que también hay alguna poca gente

que no te está mirando a ti

sino que están mirando a tu alma.

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Thursday, September 11, 2008

El perro olisqueó una esquina pero no encontró la felicidad

El perro tosió como tose la muerte


El perro miró calle abajo

Su lengua y su mirada colgaban como hojas en otoño

Sus patas comenzaron a moverse sigilosamente

Se movían con la noche

Su pelo era áspero

Recortado por el látigo, por la lluvia

Por el hambre, el frío y las patadas

Su pelo era de todos los colores

Amarillo, negro, marrón, gris

De todos los colores feos

El perro caminaba como si estuviera al lado de un precipicio

Y en cualquier momento fuese a despeñarse

Pegó un gran salto

Dos borrachos salieron de un bar gritando

Se ocultó entre los coches

Ni siquiera le miraron

Alcanzó finalmente su objetivo

Había tenido suerte

Al desgarrar la bolsa de plástico

Se encontró con media tableta de chocolate

Enteramente derretida entre papel de plata

Y comenzó a lamerla

Recordó que Marky siempre compartía con él su chocolate

Entonces era dulce la vida

¿ Dónde estaba Marky?

Un día todo desapareció

Fue como si se hubiese caído en un agujero

Y vuelto a aparecer en el otro extremo del planeta

Las cosas que él había conocido desde cachorro

Se habían esfumado como un pedo o una sonrisa

Y ahora andaba ocultándose

No había sitio para él allí

Olisqueó un rato más

No había nada que mereciera la pena

Marky se fue

El perro continuó caminado calle abajo

Doblar la siguiente esquina

Requería años de desesperación e histeria

Doblar todas las esquinas

Requería un entrenamiento extremo

El perro lo hizo, continuó caminando

Como si él existiese realmente

Como una sombra, como un recuerdo

Como si comprendiese algo de lo que hacía, el porqué

Como si hubiera algo más que buscar

O algo más que encontrar

Quizá en el siguiente cubo de basura.


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Monday, September 1, 2008

Quizá las cosas que no funcionan no tengan arreglo

A veces tu bus o tu tren simplemente no pasan

Has llegado a la parada a la misma hora

Que lo haces siempre

Cada mañana a las siete menos cuarto

Y te quedas ahí

Esperando como un gilipollas

Ya sólo por orgullo

Esperando una explicación

Como si fuese a caer del cielo

La explicación o el mismísimo autobús

Una explicación sobre las cosas que haces y no debieras

Sobre las que no haces y deberías

Como deporte, leer, comer algo no precocinado

Mantener relaciones sexuales con alguien no remunerado

No busques una explicación

Llegas al trabajo ya malhumorado

Tu jefe te pone buena cara

Pero te recuerda esto o aquello

Sé consciente que a él sólo le importas

En la medida en que le seas útil para salvar su propio culo.

A veces todas las cosas funcionan

Eso no significa que el mundo vaya bien

Quizá sí para unos pocos

El resto seguiremos jodidos

En la oficina todo va bien

Cientos de tareas se amontonan en tu escritorio

Tu consuelo es que no podrán despedirte con tanto trabajo pendiente

El único detalle que te inquieta es que un chimpancé

Con un adiestramiento medio

podría realizar tu misma labor

y quizá más eficientemente

te hartas de llamar, de los contestadotes

de los correos electrónicos,

de que te pasen de un idiota al siguiente

No logras contactar con la persona adecuada

No existe la persona adecuada

Ni en el trabajo ni en la vida

Encima te han pagado menos de lo que tú

Habías pensado que te pagarían

Y llamas al jefe

Al sindicato

A recursos humanos y a contabilidad

La letra pequeña

Esa letra que la euforia estúpida te impidió leer

Por fín llega la hora del almuerzo

Sólo bazofia calórica o insulsa

Sándwich, perrito, hamburguesa

Patatas fritas y chocolate por supuesto

Ni veinte minutos y te lo tragas todo sin pensarlo

cualquier mendigo al comer sus despojos

Es dueño de mayor dignidad

Al menos tiene tiempo para saborearlos

Por la tarde la lucha es contra ti mismo, el sueño y el aburrimiento

El deseo de arrojarte por la ventana

Hasta que sales al fin

Ahora toca echar cuentas

Los recibos siempre puntuales

De tu banco, tus letras, tu alquiler, el coche

Tu pareja a quien ya no quieres como antes

Tus hijos a los que ni supiste ni quisiste educar

Tus padres a quienes prefieres olvidar

Los que te lo dieron todo

Ley de vida, perra vida

Es entonces cuando ves a tu tren o tu bus alejándose

¿ Se ha adelantado él o tú te has retrasado?

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Monday, August 25, 2008

La gente y la realidad


Salí de la oficina un poco antes de la hora, a las tres y cuarto ya estaba en Plaza de Castilla subiendo al bus. Iba releyendo y tratando de arreglar unos pseudopoemas sin mucha convicción. No tenían remedio, mejor empezar de cero, pero ya no se podía, nunca se puede.
Cuando pasábamos al lado de las torres monstruosas el señor que iba a mi lado cogió su teléfono.
-
Una explosión… ¡ Dios mío!.
Noté como otras personas también hablaban por el móvil, el ambiente se puso tenso en el bus. Nunca discuto cuando me critican diciendo que me posee la amargura y la desesperación, a veces es cierto. Sí, la calamidad en ocasiones pasa rozándonos, silbando como una bala a milímetros de nuestra testa, siempre lo tengo presente.
Cuando circulábamos a la altura del Ramón y Cajal escuché:
-
Aún no se ve movimiento de ambulancias…
Hubo pocos supervivientes, pocas ambulancias.
Colgó y le pregunté. Accidente en el aeropuerto. Muy gorda, me dijo, muy gorda.
Al subir por Fuencarral vimos la nube de humo y nadie dijo nada en todo el bus.
Llegué a casa y puse la radio. Preparé la comida escuchándola. 20 muertos de 180 pasajeros, cifras provisionales. Se me hizo un nudo en la garganta, aparté la comida y fregué los cacharros. 40 muertos. Tenía que planchar unos camisas y me puse a ello. 60 muertos, los bomberos apagaban las llamas en los restos del fuselaje. Planché mi camisa azul y una camiseta. 80 muertos, un motor había explotado al despegar, se buscaban las cajas negras. Terminé con la plancha, guardé la ropa en el armario. 100 muertos o más, estimaciones.
Apagué la radio. Salí a tumbarme en el parque, un coche de policía pasó a toda velocidad. La gente paseaba a sus perros, un jubilado iba caminando rápido, ejercicio, mostraba una imponente y recia barriga marrón. A mi lado había un par de madres con sus hijos.
-
Dicen que iba con muchos niños dentro, qué desgracia.
El sol no quemaba mucho, demasiado para un moreno de resucitado como el mío. Puse la tele abrí la botella de vino. En las noticias mostraban a los que habían perdido el vuelo, por llegar tarde o por overbooking.
-
Mi mujer y yo regresábamos de un viaje muy largo. Supliqué a la azafata que pagaríamos lo que fuese por un billete pero no hubo manera.
Perdí un poco el norte hasta que vi el partido de la selección, eso fue un buen bofetón. Para que suspendan un partido tienen que tirar los cadáveres en el centro del campo. Todo lo que ocurre fuera del circo no le afecta, lo mismo en las olimpiadas de la dictadura.
Luego me dormí, demasiado trabajo, demasiado vino, demasiado temprano, demasiado poco de lo otro, de lo que me gusta, no lo sé.
Entré al trabajo más adormilado que de costumbre, me suele pasar los jueves. La gente fue puntual, algunos se iban de vacaciones.
-
La semana que viene tengo un vuelo, me da yuyu.
-
Es mucho más seguro, pero cuando ocurre no se libra casi nadie.
Volví a coger el metro para volver, un chico le daba a la PsP, un aburrido juego de golf. Una mujer leía cualquier basura, y otra criticaba a su jefe, otros con su iPOD a todo volumen escuchando basura también. Una tía bastante interesante me lanzó la mirada, estaba sentada enfrente de mi, no pude sostenerla y agaché la cabeza.
Llegué a Plaza de Castilla como siempre, había una loca pidiendo calderilla para el bus, había gente perdida buscando la línea que les llevase al agujero en que debían pudrirse, recién llegados de provincias o del otro extremo del planeta. Cogí el bus a la hora, esta vez nadie se sentó a mi lado, había tenido suerte, podía escribir sin ningún reojador. Al pasar me fijé en los pabellones del IFEMA, brillaban más que nunca, como si fuesen a explotar, era pavoroso.
Ahí fue cuando me di cuenta de que algo había cambiado.

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Wednesday, August 20, 2008

El anochecer del fin del mundo

Miramos al crepúsculo
la luz se evapora
lentamente retira su mano
un abrazo intenso que se termina
Las cosas se hacen más pequeñas
se acurrucan sobre su alma
en sus caparazones agujereados
Nos quedamos de nuevo a oscuras
la noche nos da miedo
porque nos deja a solas con nosotros mismos
no hay sinceridad más brutal que la de nuestra mente
La noche esconde criaturas y pensamientos felinos que nos acechan
fantasmas que levitan
sobre el fino hilo de la nada
A veces escuchamos en la noche
voces pregonando verdad
nos asusta su mensaje
Mil mentiras en la luz
valen más que una verdad en la oscuridad
Deseamos un amanecer prometido
aunque sea con un sol de mentira
en un día de trapo.
Una tarde vi a la luz marcharse
de una manera muy diferente
en vez de retirarse poco a poco
era como si estuviese cayendo por un sumidero
no tenía intención de regresar
Las cosas lo sabían
y cuanto más trataban de aferrarse
más oscuras se volvían
Los árboles estiraban sus ramas
y las hojas se caían negras
Las rocas se apegaban al suelo
mientras se iban resquebrajando en pedacitos
Los animales gruñían, saltaban, corrían
El aire formaba burbujas
La tierra se derretía
Había agujeros en el cielo
por los que se iba colando la oscuridad
en forma de goterones de plastamada negra
Y nosotros disimulábamos
preparándonos para escucharnos a nosotros mismos y a nuestra verdad.

 

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Monday, August 11, 2008

Sigo sobre Madrid

Una de las cosas que me gusta es el metro. Se ha cumplido mayormente aquello que yo me iba figurando en mi post de diciembre, pero hay un lado positivo. En el metro puedes tomar el pulso de la vida, ves muchos tipos de caras y semblantes, metido en ese agujero puedes ver todos los rincones del mundo, lo mejor y lo peor. Ves gente decidida, insolente, acabada, alegres, salidos, amargados, inocentes. También ves muchos cuerpos bonitos que se ofrecen con desdén y descaro, pero yo no he venido aquí a follar, he venido a joderme a mi mismo.
Otra cosa que me llama la atención es que aquí el tiempo va más deprisa, a nadie le sobre media hora, ni diez minutos, ni un segundo siquiera. El tiempo es lo más caro que hay en la ciudad, la gente se desespera y discuten por él. Da igual no tener prisa, no tener ninguna cita, que no exista ningún sitio al que puedas llegar tarde, aquí hay que correr porque sino estarás malgastando tu vida. Aquí con una sola vida no haces nada, necesitas como tres o cuatro para que poder hacer algo. Con una vida sólo tendrás tiempo para trabajar, e ir y volver al trabajo, y quizá si tienes suerte para dormir o putear a todo el que se te ponga por delante mientras vas y vienes. No da para más el tiempo aquí, es normal que la gente quiera retener cada segundo.
Pones los pies aquí, pasas unas noches bajo esta atmósfera y la juventud se te evapora como un perfume barato, efectos devastadores de la gran ciudad. El único contrapeso es que aquí todo el mundo tiene una edad indefinida,  excepto los viejos y los niños, el resto somos adultos. Aunque no nos comportamos como tales, porque peleamos cada peseta por semana y al llegar el sábado nos peleamos por lo contrario. Por pagar el garrafón escocés a precio de reserva, el jamón de oferta como pata negra. El sábado queremos que nos estafen por bailar y gritar en cualquier tugurio y el lunes  lucharemos por los céntimos del pan. Esto es un desmadre, hay que echar fuera lo acumulado, ya volveremos a ser adultos respetables la próxima semana.
Son cosas curiosas, aún no he visto ni la mitad. Soy un provinciano extraviado, disimulando, extasiado, muerto de sed, nunca creí que vería todo esto. Los mayores museos, la mayores edificios, el mayor montón de mierda, todo esta aquí al alcance de mi mano, y yo lo único que quiero es mostrarle mi culo y volver allí, al lugar que nadie conoce, del que nadie habla y nadie recordará. Anda, ya que estamos aquí, toma lo que se te ofrece.
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Friday, August 8, 2008

En eso que llaman Madrid.

Ocho meses en Madrid. Personas de todo el mundo y madrileños mezclados en este avispero, es un milagro que cada mañana no reviente y cada noche no se derrumbe. Como si por estar aquí reunidos fuéramos a sentirnos mejor, más felices, más protegidos. ¡ Mentira!, prueba a alargar tu brazo a la parcela del vecino, recibirás como mínimo un mordisco y ráfagas de insultos. Los que nunca han dormido en un pueblo sienten miedo solo de pensarlo, la soledad les abruma. ¿ Para qué cojones necesitan a la gente, a tantísima gente cerca?. Si nunca van a pasar de saludarse en el ascensor, de comentar el tiempo, de criticarse unos a otros. Un pueblo es la libertad y en todos los lugares del mundo se quedan vacíos. Va a ser que la gente necesita que la guíen, necesitamos ir en manada, se cumple aquello de que somos animales sociales. Sobre todo animales, capaces de las mayores animaladas con tal de seguir en la sociedad, la sociedad enferma y superficial. Nadie comprende que a los ricos les interesa tenernos aquí juntitos, sin saber plantar un patata, dependiendo siempre de sus suministros, de sus centros comerciales perennemente abiertos, de los misarables trabajos que quieran darnos. Nos atacamos unos a otros, la selección natural, mano de obra dócil y barata. Nos tienen distraidos para poder hacer sus tejemanejes, esos que desembocan por fuerza en jodernos al resto un poco más para estar ellos un poco mejor. No hay duda de que las ciudades son el ojo del culo de la humanidad, aquí se reune toda su mierda.
Volviendo al particular de la Villa me ha llamado mucho la atención su división superficial en castas. No puedes adentrarte en el terreno de una casta superior si no reunes los requisitos, no puedes respiras su aire, respirar su suelo, posar tu culo sobre sus inodoros. Necesitas el coche, la camisa, los bebés, la mujer florero, ser convencional en la superficie al menos. Si no tienes un duro o eres pederesta no les importa, la fachada es lo importante. Aquí en la periferia norte están muy mal vistas mis pintas y mis miradas perdidas. No comprenden como puedo permitirme un alquiler en su portal, ni siquiera comprenden como me dejan entrar en su portal. Algunos días incluso voy más lejos en mi osadía y me acerco a la zona de los chalets, la de los muy ricos. Ellos saben montárselo, su mierda debe relucir, su mierda debe saber mejor que la más deliciosa comida que yo haya podido probar. No exagero, tienen casas tan grandes como para varios campamentos de refugiados, y unos jardines cuidadísimos. Ellos pasan en sus coches de alta gama mirándote de arriba de abajo, a tí al mindundi, y saben que eres una mierda antes de que su mirada se pose en tu ropa andrajosa, por el olor de tu vergüenza, porque nisiquiera te esfuerzas en disimular tu pobreza. Ellos albergan un conocimiento profundo, detras de sus gafas caras y sus manos anilladas, no necesitan salir de sus mansiones para conocer nada, lo saben todo porque nadie jamás podrá discutírselo.
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Friday, August 1, 2008

El final es en donde partí.

No consigo encontrar mis sueños, al principio los tenía y muchos. Ahora cierro mis ojos y siento como la oscuridad me envuelve. Todo me importa una mierda, soy tan difícil de querer que ni yo mismo me quiero. Vivo gracias al impulso que mi madre me dio al parirme, al escupirme con fuerza de su útero. Sí, ahí fue donde comenzó todo, y terminará en algún lado, pronto o tarde es hablar demasiado.

Nunca me he sentido cercano a nadie. No necesito compartir mis secretos, ni mis anhelos, ni mis pesares, eso si yo tuviera algo de eso. Hay cosas aquí adentro, hirviendo recociéndose en las cloacas de mi alma, a nadie le importan. Lo mismo que a mi no me importan los asuntos de nadie, es muy aburrido cada vez que alguien abre la boca para dar una opinión absurda u obvia, ahí afuera casi todo es muy aburrido y predecible. Hay que gastar los días de alguna forma, enredarse en algo para descansar, en recuerdos, en pensamientos sobre hechos, verdades, mentiras. Pensamientos sobre sentimientos que se evaporaron pero regresan para posarse y largarse otra vez. El pasado es una lluvia intermitente que sólo cesa del todo cuando perdemos la memoria. Las palabras son un arma poderosa para ganarle al tedio y al olvido unos segundos, en muchas ocasiones es cuestión de vida o muerte encontrar la palabra adecuada para retener eso que flota en nuestra mente.


Estaba jugando sobre un colchón viejo de color marrón. La habitación era grande, las voces de mis padres y la de alguien que había venido a visitarme hacían eco. La vieja y enorme cama era el único mueble de la habitación. Luego me dejaron solo allí mientras tomaban el café y esas cosas. Se estaba bien en el mundo cuando no te enterabas de nada, la fachada de las cosas no asusta, lo peor siempre se esconde detrás de ésta.

Y así empecé a crecer, los días iban rápidos, yo no me daba cuenta de nada. Vivía en un mundo de completa fantasía, sirva como ejemplo que podía pasarme semanas enteras jugando con un par de palos y una cebolla. Jamás supe lo que era el aburrimiento, ni en las colas, ni en las visitas a familiares, ni en la sala de espera del médico, ni en los viajes en coche por la nacional. De mi mente surgían ideas, historias interminables asociadas a la luz, a los objetos, las formas. Podía jugar con cualquier cosa, la esquina de una mesa, la pata de una silla, una revista, o una moneda. Mis batallas de bolígrafos eran míticas, se convertían en barcos, tanques o naves espaciales, esta sana costumbre la conservé hasta mis tiempos de facultad, el aburrimiento no logró alcanzarme nunca. Una de las pocas cosas en que tuve éxito.

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Friday, July 18, 2008

Luces y sombras en algún lugar olvidado, una cama o un callejón.

Nunca creí que pudiera llegar a pasarme empalmado tanto tiempo. No podía ni caminar, cojeaba torpemente y la gente miraba mi figura arqueada, mi pernera ligeramente arremangada y se reían. Era natural por otra parte, no podía evitarlo, sólo con que me rozase se atizaba el fuego, ella fingía no darse cuenta de mi estado. Me desboqué del todo desde que ella me confesó con toda su humildad que no follaba muy bien, esas son las mejores.
Llevo tres años sin hincarla, me da igual todo. -Pensaba yo- Ahora trata de disimular, no la mires como un obseso, no le digas cosas soeces, no te ausentes de la conversación. En cuanto vislumbramos sexo los hombres no somos capaces de pensar en otra cosa, para nosotros la cuestión entonces sólo reside en cómo disimular. Los que lo hagan mejor y finjan no estar interesados para nada en el sexo son los que más posibilidades tienen de conseguirlo. Es triste y asqueroso, lo sé, pero es cierto nadie puede negarlo. Un defecto genético es una excusa muy mala pero algo es algo.
Aquello no iba a ser tan sencillo, una chica lista no se dejaría camelar con las cuatro sandeces que millones de salidos alrededor del mundo dicen para poder echar un kiki. Gracias a Dios mi arsenal era de otro calibre, ajustado para objetivos de estos que casi nunca se ponen a tiro.
Poco a poco, sin abrupciones mis manos fueron explorando el terreno. Lugar salvaje aún por conquistar, había mucho más de lo que a simple a vista podía apreciarse. Al contrario que los típicos polvos que prometen ser cojonudos y luego resultan pasables o aburridos.
- No me lo puedo creer, -me dije- tú sequía se va a terminar a lo grande. Ni con una zorra, ni una facilona idiota, con una mujer como Dios manda. Tus problemas de baja calidad y cantidad de erecciones son historia.
-¿ Por qué voy a acostarme contigo?- Preguntó.
- No lo sé, no te prometo nada. Ni amor, ni dinero, ni matrimonio, ni siquiera puedo prometerte un orgasmo, aunque te juró que lo intentaré con todas mis fuerzas. Lo único que puedo prometerte es que voy a ser sincero. Supongo que lo harás por despecho, por demostrate algo o simplemente porque estás caliente. No lo sé, escoge tus razones. Yo sólo quisiera hacerte sentir bien, aunque sólo fuese un minuto.
Cuando pronuncias las palabras adecuadas ante una chica inteligente no sólo puedes esperar un polvo de escándalo, sino que casi con toda seguridad ella jamás las olvidará y las retendrá parasiempre. Sin embargo si malgastas esas palabras con una cualquiera sólo obtendrás una noche del montón, y al día siguiente ella no recordará nada y se largará con el primero que le suelte una sarta de convencionalismos y te quieros de saldo.
Su cuerpo me dió aún más de lo que yo podía intuir, era natural, espontánea, no había aprendido nada de las películas ni de las revistas, era real. Se movía como una serpiente en mis brazos, esa es la mejor manera de describirlo, y hablaba mucho, me hizo unas preguntas alucinantes. ¡Ostia!, la espera había merecido la pena.

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Saturday, July 12, 2008

Memorias y miedos

Un día una niña trajo a clase un recorte del periódico. En la playa de Gijón había aparecido un tiburón muerto, la foto no dejaba lugar a dudas era San Lorenzo. No volveríamos jamás a bañarnos, se acabó el disfrute de los veranos. Era un tiburón enorme, gordo y gris.
- Ahí adentro deben caber dos o tres niños- Dijo uno.
- ¿ Que dices?, cabrán seis o siete porque al masticarlos los tritura, tiene como siete mil dientes.
Eran hipótesis razonables, yo estaba ya decidido a no bañarme jamás en ninguna playa del mundo. Entonces nuestra profesora habló:
- Es un tiburón peregrino, un tiburón-ballena vegetariano, sólo come algas, no tiene dientes.
Y el miedo se nos fue como si nunca lo hubiésemos tenido, ojalá otros miedos fueran tan fáciles de espantar. Hay miedos con los que hay que aprender a convivir, porque una vez que te enganchan no vuelven a soltarte. El miedo a despertarte un día sin recordar nada, a levantarte sin fuerzas para ir a trabajar y sin comprender porqué habías ido a trabajar todos las mañanas anteriores. El miedo a que te atropellen, a que te dejen parapléjico, emipléjico, ciego. El miedo a enterrar a un ser querido, al cancer, a la miseria, al fracaso, al rechazo. Esos son los miedos con los que todos combatimos día a día. Pero por aquella época aún no me afectaban, todos mis temores eran solubles, con unas pocas lágrimas se diluían, es otra de las ventajas de ser niño.
Recuerdo que el primer miedo que no logré quitarme a base de llorar fue el de mudarme de ciudad. Lloraba todas las noches, sumergiendo mi cabeza en la almohada y el miedo seguía ahí mirándome, no se marchaba, no se marchó nunca. Entonces dejé de ser un crío y empecé mi tortuoso camino hacia la vida adulta, hacia ningún lado. Empecé a acumular más y más miedos de esos que no desaparecían llorando. Llegué a reunir tantos que decidí no hacerles más caso y no volver a llorar. Aún los tengo ahí todos amontonados, espiándome, dispuestos a echarse sobre mí. Los tengo presentes pero evito mirarlos, evito acercarme a ellos.
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